miércoles, 1 de mayo de 2013






De pronto se corre la voz, se llevan a un querido amigo a la Emergencia de la Clínica privada "Y" u Hospital "X" de donde sea (no importa donde lo internaron, la cuestión es que necesitó de ello) 

Todo indica que este amigo, no sólo ha sabido ser un buen amigo.

Ha desempeñado varios roles en la vida, por lo cual, es amigo pero también es padre, casualmente es "hijo de", a la vez practicaba un deporte (no interesa cual) y resulta que sólo por la buena costumbre de vivir en sociedad, su esposa además participa de un "amigable" Club de Damas (de cuyo nombre no quiero acordarme)

Este señor es un empresario reconocido y en virtud de ello, también tiene amigos y colegas provenientes de su profesión...

He aquí, el buen amigo tiene además tres hijos, y como cinco nietos, por suerte mayores de edad. La edad de este señor tampoco importa, ponga el lector la que prefiera.

Al otro lado de la ciudad, se prepara una unidad. Alguien se apura un poquito, se sabe que viene un Ingreso. Si, es que ya se han enterado que el Sr. Fulano de tal, viene en camino con "algo feo" ("algo feo" es suficiente a efectos de este relato)

Se verifica que todo esté listo para recibirlo, más allá de otra buena y muy sana costumbre, la de tener siempre todo listo y bien organizado.

Esa es apenas una de las costumbres que se pueden tener en el Servicio o Unidad de Emergencia del Hospital X...

Y allí se ve a varios integrantes del Equipo de Salud que comienzan su trabajo, así como a una linda chica de amplia sonrisa donde con frecuencia, la única diferencia VISIBLE, es que puede llevar una toca con una cinta de color azul (me gustó que en este personaje, ella fuera "linda" en especial porque tendrá su mejor sonrisa para ese paciente, de eso estoy segura)

A la vista de quienes llegan al Servicio para recibir atención, esa cinta azul es lo primero que pueden apreciar en ella, siempre y cuando se utilice en ese Hospital. Luego observan algunos comportamientos donde a veces llegan a identificar que esta chica es la Lic. en Enfermería del Servicio de Emergencia.

Ese paciente representa el éxito, es el que le permite a un Equipo de Salud, sentirse héroes momentáneos, y en un sentido futbolístico, es el que les da permiso para meterle un gol más a la vida.

Mientras en los ratos libres, este Equipo Interdisciplinario se sigue formando, estudiando, haciendo los mejores chistes para levantarse el ánimo, dándose apoyo para poder sobrellevar circunstancias que no por estar preparados los dejan de afectar en tanto personas, cuando llega el señor Fulano de tal...se trabaja para poder poner lo mejor de cada uno en la estabilización de ese paciente que irá luego, según el caso, a otros sectores más o menos complejos del Hospital.

El grado de complejidad de ese paciente respecto de su patología, orienta el camino a seguir, según protocolos de actuación establecidos. Y por ahí andan, para variar, algunas chicas entrometidas en esta historia (entre las cuales me incluyo, justamente porque entrometerme es esperado por los demás)

Así hace esta chica la parte que le toca de la forma más eficiente posible. Como todos, intenta sólo hacerlo mejor para la próxima vez. Es apoyada, son innumerables las veces que se le ayuda y enseña a ser más eficiente aún.

Así, las Licenciadas en Enfermería se van convirtiendo en una suerte de "guerreras" dentro de ese Servicio.

Ojalá no se malentienda...La palabra "guerrera" bien puede tener otras connotaciones, para las cuales jamás se les preparó (también hay Licenciados y pido disculpas a mis colegas por enfocar la historia sólo en las mujeres)

Pero volvamos al amigo. Ese gran amigo que a todo esto, lo tendría que ubicar ya en Sala (en virtud de la extensa descripción que hice de apenas algunos aspectos mínimos que hacen al trabajo en Emergencia)

Supóngase que en Sala se viene recuperando bien. En sí, se recupera porque jamás se ha dejado de cuidarlo. 

"Se recupera favorablemente" es lo que se suele decir a la prensa que luego hace referencia a este trabajo, en especial cuando se trata de alguna figura conocida por la sociedad. 

No se dice más que eso, por respeto a los derechos de ese paciente y porque no hay ninguna necesidad de ahondar en más detalles, ni de orientarse a complacer a una población ávida de conocer la realidad de una persona, que es privada y por lo tanto se debe respetar, conforme a la actuación ética de este Equipo. 

Este amigo, ya en Sala, continúa su proceso de recuperación y de rehabilitación. Claro, no se le puede negar a este señor que sea visitado por sus familiares a la vez que se integra a la familia en dicho proceso.

Mientras se trabaja desde el Ingreso a Sala con su Plan de Alta (lo cual no se hace por antipatía para que se vaya cuanto antes, sino para que logre recuperar sus capacidades de la mejor forma posible) es allí que se empieza a conocer más a los citados al inicio de esta historia, vale decir: 

A su papá, un señor de edad que llega con su bastón.

A su mamá, quien por cierto quiere permancer junto a su hijo las 24 horas y no hay forma para que la familia logre hacerle comprender que es mejor ir a descansar. Y menos si se lo sugiere su nuera, a quien no le tiene mucho aprecio porque no le gusta que ella esté en el Club de Damas...

A su esposa.

A sus tres hijos (dos de ellos enemistados entre si) y sus cinco nietos mayorcitos (dos de los cuales llevan a sus amigos, sólo porque no soportan permanecer dentro de un Hospital)

A los colegas y amigos que posee por su actividad empresarial.

A los amigos del Club donde practica su deporte favorito (quienes se encargan de hacerle llegar las novedades del Club y le obsequian la nueva camiseta o los mejores banderines de la colección privada de cada quien)

A las amigas de su esposa. Sí, puede llegar a visitar al Sr. Fulano de tal, el "amigable Club de Damas...de cuyo nombre no quiero acordarme"

Como es de esperar, en el horario de visita es donde aquél famoso cuadro de una enfermera pidiendo silencio...puede quedar un par de horas en el olvido.

Mientras desde el "Office" de Enfermería se llegan a escuchar algunas conversaciones de las cuales se guarda secreto, cuando se retiran los familiares de esta suerte de "competencia de amor" por su ser querido, se vuelve a él para continuar trabajando y continentarlo, porque a veces queda febril, hipertenso, etc, una vez transcurrida la visita.

Muchas veces, esta historia puede tener un final feliz.

Para Enfermería y para el resto del Equipo de Salud, esta historia termina con la satisfacción de haber devuelto al mundo a una persona que retorna a sus tareas habituales. Una satisfacción alimentada por nuestro buen amigo, quien se acerca a decir: "Me voy de alta. Sólo quería agradecerles lo que hicieron por mí. ¿Puedo darles un beso a todas?"

Para el paciente, esta historia será motivo de anécdotas en reuniones familiares. Y tal vez en la mesa durante su cumpleaños, surjan frases como:

"Otra vez va a contar su intervención" 
"Pero dí la verdad...yo fui quien más estuvo contigo"
"Claro...tú lo dices porque según tú, yo no lo cuidé nada"

Su esposa podría llegar a enojarse cuando el señor, haciendo uso de su buen sentido del humor, dice a sus amigos: "Pero qué plantel de enfermeras...No saben lo bien que me cuidaron, unas chicas amorosas. Unas manos de seda. Juro que no me dolió nada de lo que me hicieron" lo cual hace feliz incluso a su mamá...

Y así la competencia de amor renacerá en el seno familiar con el señor recuperado. Ojalá que los lectores opinen parecido a mí: estas competencias familiares por AMOR no dejan de ser una muy linda competencia...
  







Publicado por Marianella Dimoff

martes, 16 de abril de 2013

La higiene postural nos permite realizar las actividades cotidianas con menos esfuerzo, y prevenir la aparición de complicaciones por malas posturas.

Estas complicaciones muchas veces se presentan por la mala ejecución de los movimientos, donde se fuerza la espalda y ello trae como resultado las molestias y dolor que llega en ocasiones a imposibilitar a las personas, por su intensidad y por la presencia de lesiones que se hacen crónicas.

Los principios de higiene postural se basan en el hecho de que los movimientos correctamene ejecutados no tienen porqué producirnos dolor.

Sin embargo, las lesiones a nivel de la columna vertebral son una de las causas más importantes de ausentismo laboral y de incapacidad posterior en personas que realizan levantamiento de peso como parte de su rutina de trabajo.

También las amas de casa, en ciertas tareas de limpieza del hogar, suelen realizar esfuerzos que muchas veces consisten en levantar peso o en ocasiones pasan horas en rutinas donde mantienen una posición inapropiada.

Tareas en apariencia inofensivas como planchar, lavar platos o recoger juguetes,  pueden influir en los dolores de la espalda al final del día por no mantener una posición correcta. Por esa razón es importante aprender a prevenir este tipo de lesión y mucho es lo que podemos hacer si nos acostumbramos a mantener buenas posturas.

Sería conveniente que también enseñáramos a los niños como ejecutar movimientos manteniendo una buena posición. No basta con que los padres digan: "Siéntate bien a la mesa"

Si desde pequeños los niños toman la costumbre de realizar movimientos en posición inadecuada, será más difícil hacer que incorporen hábitos de higiene postural cuando sean más grandecitos.

Para los niños, permanecer horas ante un ordenador sin cambiar la posición o no alternar dichas actividades con períodos de ejercicio físico o de simple movimiento, es causante de dolores de espalda por no haberse adaptado precozmente a mantener buenos hábitos posturales.




HIGIENE POSTURAL http://corresaltaycuidate.blogspot.com
COMO LEVANTAR PESO CORRECTAMENTE
 


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POSICION INCORRECTA PARA HACER ESFUERZOS
 

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FACILITANDO EL PROCEDIMIENTO DE LEVANTAR PESO




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POSICION CORRECTA PARA RECLINARSE

Publicado por Marianella Dimoff


PIE DIABÉTICO


Las personas que sufren de Diabetes Mellitus (un elevado nivel de azúcar en la sangre), tienen una mayor facilidad de desarrollar algún tipo de infecciones en la piel, una de las más conocidas se define con el nombre de Pie Diabético.

El pie diabético, es una infección, ulceración o destrucción de los tejidos profundos relacionados con alteraciones neurológicas y distintos grados de enfermedad vascular periférica en las extremidades inferiores que afecta a pacientes con diabetes mellitus.

No debemos confundir “pie diabético” con el pie de una persona diabética, ya que no todos los diabéticos por el solo hecho de serlo, van a desarrollar esta complicación que depende en gran medida del control que se tenga de la enfermedad, de los factores intrínsecos y ambientales asociados al paciente y en definitiva del estado evolutivo de la patología de base.

El pie del paciente diabético es muy sensible a todas las formas de traumatismos e infección: el talón y las prominencias óseas resultan especialmente vulnerables.

Los daños a los nervios periféricos de los pies provocan trastornos sensoriales, úlceras de la planta del pie, atrofia de la piel, etc. y debido a la oclusión de las arterias que llevan sangre a los pies se puede producir gangrena.

Es frecuente en los pacientes diabéticos que las lesiones propias del denominado pie diabético trascurran sin dolor, debido a lo cual se suele agravar la lesión antes de que el paciente pida ayuda especializada.


Este fenómeno ocurre por la pérdida de la sensibilidad en las extremidades inferiores, asociada a veces con los trastornos de la visión que también la diabetes puede provocar, lo cual dificulta la observación de las lesiones por parte del propio paciente.


La prevalencia de úlceras de pie diabético en los paises desarrollados varía según el sexo, edad y población desde el 4% hasta el 10%.

Se ha establecido una incidencia correspondiente del 2,2 al 5,9%.

Se ha calculado que al menos un15% de los diabéticos padecerá durante su vida ulceraciones en el pie, igualmente se estima alrededor de un 85% de los diabéticos que sufren amputaciones previamente han padecido una úlcera.

Se ha observado que las úlceras neuropatías son de igual frecuencia en hombres que en mujeres y que aparecen generalmente en diabéticos de larga evolución.

Las úlceras del pie se producen por un desequilibrio entre el exceso de presión sobre la planta del pie y el estrés repetitivo de la presión en la zona, que se genera al caminar.

No se necesita mucha presión para provocar una úlcera, más allá que la piel tiene de por sí, un sistema de protección propio.

Normalmente, una presión dañina o un movimiento contra la piel dispararían una alarma protectora en forma de dolor, en personas con lesiones nerviosas (neuropatía) de origen diabético, esta presión pasa desapercibida y puede provocar graves lesiones.

Al haber perdido la sensibilidad al dolor, las personas con neuropatía diabética no se dan cuenta de que existe un problema hasta que se ha formado una úlcera.

Cuando se dice que el pie diabético tiene una “base etiopatogénica neuropática ”se hace referencia a que la causa primaria que hace que se llegue a padecer un pie diabético está en el daño progresivo que la diabetes produce sobre los nervios, lo que se conoce como neuropatía.

Los nervios están encargados de informar sobre los diferentes estímulos (nervios sensitivos) y de controlar a los músculos (nervios efectores).

En los diabéticos, la afectación de los nervios hace que se pierda la sensibilidad, especialmente la sensibilidad dolorosa y térmica, y que los músculos se atrofien, favoreciendo la aparición de deformidades en el pie, ya que los músculos se insertan en los huesos, los movilizan y dan estabilidad a la estructura ósea.

El hecho de que una persona pierda la sensibilidad en el pie implica que si se produce una herida, un roce excesivo, una hiperpresión de un punto determinado o una exposición excesiva a fuentes de calor o frío no se sientan.

Ya que el dolor es un mecanismo defensivo del organismo que incita a tomar medidas que protejan de factores agresivos, los diabéticos pueden sufrir heridas y no darse cuenta.

Además, la pérdida de control muscular favorece la aparición de deformidades y éstas pueden al mismo tiempo favorecer roces, cambios en la distribución de los apoyos del pie durante la marcha y predisponer a determinados puntos del pie a agresiones que, de no ser tratadas a tiempo, pueden resultar fatales.

Así se forma una herida que, en primera instancia, el diabético ni siquiera advertirá por la pérdida de sensibilidad.

Esta herida no tratada es una puerta abierta para los microorganismos, causantes de la infección. Como la respuesta inflamatoria está disminuida, los gérmenes patógenos no encuentran demasiada resistencia, colonizan la zona, el tejido se destruye y difícilmente cicatriza. Ya tenemos la ulceración.

Las úlceras son heridas caracterizadas por una pérdida del tejido y especialmente por su escasa tendencia a la cicatrización.

Las úlceras requieren todos los cuidados podológicos y médicos que estén al alcance del paciente, ya que además de no resolverse espontáneamente tienden a agravarse, llegando en muchos casos a gangrenarse, lo que obliga a ejecutar amputaciones parciales o incluso totales de las zonas afectadas.

La suma de falta de riego sanguíneo con la acumulación de toxinas derivadas del metabolismo infeccioso pueden facilitar la aparición de fenómenos necróticos; dicho de otro modo, pueden provocar que determinadas zonas de tejido mueran. Si ese tejido muerto no es eliminado correctamente puede provocar la liberación de toxinas en sangre que acaben por ocasionar una gangrena del miembro. Para la gangrena existe un único tratamiento posible: La amputación o la muerte.



Clasificación de Wagner del pie diabético


La finalidad del manejo de las ulceras en el pie diabético es prevenir la amputación y mantener una buena calidad de vida del paciente.
La existencia de isquemia, infección y la profundidad de la úlcera influyen significativamente en la evolución de esta, ya sea hacia la curación o bien a la amputación.
Para unificar los criterios de tratamiento y descripción se elaboró en el año 1970 una teoría sobre las lesiones del pie diabético que terminó en una clasificación de 5 grados de complejidad. Este tipo clasificación se conoce con el apellido de uno de los médicos que participó en su creación, el Dr. Wagner.
La Clasificación de Wagner del pie diabético es la clasificación más empleada para la cuantificación de las lesiones tróficas en caso de pie diabético, por ser simple y práctica.

Como ventajas presenta que es fácil de recordar, incorpora la profundidad de la ulcera, introduce las necrosis como lesiones no ulcerosas y se utiliza el grado 0 para definir al Pie de Riesgo.

Como inconvenientes tiene que tampoco hace referencia a la etiopatogenia de la lesión.

La clasificación de Wagner tampoco permite distinguir si una ulcera
superficial presenta infección o isquemia, y los grados IV y V incluyen signos de insuficiencia vascular severa mientas que los signos más sutiles de isquemia no son tenidos en cuenta.

A pesar de las limitaciones referidas, la clasificación de Wagner ha sido muy útil, ha mostrado excelente correlación con la morbimortalidad.

Pero para el pie diabético este tipo de clasificación, aunque de mucha ayuda, terminó por ser incompleto y en algunos casos confuso.

Entonces los investigadores de la Universidad de Texas agregaron los grados de pie diabético de la clasificación anterior una serie de clases de la A a la D que indicaban además del tipo de lesión y si presenta o no isquemia, es decir falta de transito sanguíneo.

La clasificación de Wagner por grados y la de la Universidad de Texas por grados y estadios caracterizan las úlceras y predicen resultados.



Clasificación de Wagner del pie diabético



Grado 0: Ausencia de ulceras en un pie de alto riesgo.


Grado 1: Úlcera superficial que compromete todo el espesor de la piel pero no tejidos subyacentes.


Grado 2: Úlcera profunda, penetrando hasta ligamentos y músculos pero no compromete el hueso o la formación de abscesos.


Grado 3: Úlcera profunda con celulitis o formación de abscesos, casi siempre con osteomielitis.


Grado 4: Gangrena localizada.


Grado 5: Gangrena extensa que compromete todo el pie.


Sistema de Clasificación de la Universidad de Texas para Úlceras en Pie Diabético


Grado 1


– Clase A: úlcera no infectada, superficial no isquémica.
– Clase B: úlcera infectada, superficial no isquémica.
– Clase C: úlcera isquémica, superficial no infectada.
– Clase D: úlcera isquémica, superficial infectada.


Grado 2 – Siempre son úlceras que penetran hasta la cápsula o hueso


– Clase A: úlcera no infectada, no isquémica.
– Clase B: úlcera infectada, no isquémica.
– Clase C: úlcera isquémica, no infectada.
– Clase D: úlcera isquémica, infectada.



Grado 3 – Siempre penetran hasta el hueso o un absceso profundo

– Clase A: úlcera no infectada, no isquémica.
– Clase B: úlcera infectada, no isquémica.
– Clase C: úlcera isquémica, no infectada.
– Clase D: úlcera isquémica e infectada.



Sirve para los pacientes con pie diabético que exista esta clasificación para que los médicos puedan enfocarse en la posible curación y cómo prevenir que se agrave, para que puedan compartir los diferentes casos y no confundirse en la descripción de las lesiones. Como consecuencia de clasificar la lesión, se puede lograr un mejor tratamiento de ésta lo cual reporta beneficios, evitando secuelas mayores a este paciente.
Publicado por Marianella Dimoff
http://corresaltaycuidate.blogspot.com



Aunque el abuso sexual de niños haya existido desde hace cientos de años, sólo durante los últimos treinta el Personal de Salud ha comenzado a reconocer el alcance de este problema, incluyendo sus características clínicas, los enfoques de solución y sus consecuencias para los niños y familias.


DEFINICIÓN


El abuso sexual se define como la participación de niños o adolescentes en actividades sexuales que no comprenden por completo, a las que no han otorgado su consentimiento y que violan los valores morales de la familia y/o de la sociedad.

Esto incluye actividades tales como toqueteos sexuales de los genitales del niño por parte de un adulto o adolescente, el acto sexual entre un adulto y un niño, exponer a los niños a la pornografía sea participando de ella o mediante la observación no consentida de escenas pornográficas, o la participación de un niño en la prostitución.

El abuso sexual debe distinguirse del juego o exploración sexual que llevan a cabo los niños en edad preescolar y escolar, o la actividad sexual entre adolescentes que la consienten en forma deliberada.

Los casos de maltrato físico y desatención ocurren en todas las clases sociales pero tienen una alta tasa de denuncias en los sectores de más bajos recursos que tienen una educación limitada.

De los casos de sospecha de abuso sexual denunciados a los servicios de protección, cerca de un 40% se consideraron fundamentados, lo que significa que dichos servicios hallaron suficiente evidencia para creer que se había producido abuso sexual. Este índice de fundamentación del abuso sexual es en cierta medida más elevado que el de otras formas de maltrato.

La imposibilidad de fundamentar el abuso no significa que este no se haya producido, sino que los servicios de protección social no cuentan con evidencia suficiente.

Los casos de abuso sexual se dan en familias de todas las clases sociales y antecedentes educativos.

Quienes perpetran el abuso sexual son en su mayoría varones, y entre el 20 al 25% de ellos son adolescenetes.

Aproximadamente un 75% de los niños evaluados por abuso sexual son del sexo femenino, el rango de edad oscila entre los 6 meses y los 18 años, con una edad media cercana a los 8 años.

La mayoría de los niños que han sufrido abuso sexual conocen al perpetrador, que puede ser el padre, padrastro, otro pariente varón, un amigo de la familia o un vecino de la comunidad.

Aunque los perpetradores del sexo femenino son muy poco frecuentes en la mayoría de los casos con evidencia clínica de abuso, estos índices pueden ser falsamente bajos debido al escaso reconocimiento por parte de la mujer de haber cometido abuso sexual.

Existe la creencia errónea que, por condicionantes anatómicas, la mujer no puede perpetrar abuso sexual, o si lo hace éste es más leve o producirá lesiones de menos entidad a nivel físico que aquél prepetrado por un varón.

No obstante, se ha podido observar a nivel clínico situaciones de abuso sexual donde participan mujeres, donde se involucra en la relación sexual el uso de elementos que facilitan la penetración y que producen lesiones genitales de consideración en niños o niñas pequeños, dependiendo esto de las preferencias de la agresora, como del grado de violencia con que se desarrolla la relación sexual.

Cabe señalar que no existe abuso exclusivamente cuando un acto sexual se concreta, sino que el abuso sexual debe considerarse como tal desde el momento en que un adulto comienza a tener actitudes o conductas de tipo sexual hacia un niño, independientemente de la edad y sexo de la víctima, del sexo del agresor, y de que esta actitud tenga o no como resultado la realización de un acto sexual con el niño.

No puede descartarse la participación de la mujer y su grado de complicidad, en el consentimiento de la relación sexual abusiva por parte de su pareja, pudiendo ocurrir o no en forma simultánea, violencia hacia la mujer si no consiente y calla esta situación de abuso.

En estos casos, existe muchas veces un entorno de abuso y maltrato, y las denuncias son a veces formuladas por personas cercanas al contexto de la familia por ej. vecinos o docentes que toman contacto con la situación. (Ver: "Indicadores de malos tratos en los niños", en la etiqueta "Trabajo y maltrato infantil")

Aproximadamente un 15% de los niños no conocen al perpetrador, esto sucede cuando el niño es atacado y obligado en una violación.


CAUSAS

Aunque no se alcanza a comprender como un progenitor puede perder el control y maltratar físicamente a un niño, resulta mucho más difícil comprender cómo un adulto puede pasar del estrecho contacto corporal o incluso de tener sensaciones sensuales a abusar real y sexualmente de un niño.

Los dos requisitos previos para que se produzca el abuso sexual incluyen la excitación sexual ante los niños por parte del perpetrador y el deseo de actuar impulsado por esa excitación.

Varios estudios han intentado analizar la atracción sexual que sienten algunos adultos por los niños.

En USA, en un estudio realizado con estudiantes universitarios, el 21% de ellos reconoció sentir atracción sexual por los niños.

Algunos delincuentes pueden concentrar su atención en los niños de cierta edad o sexo; otros sólo pueden sentirse excitados por niños en ciertas circunstancias.

Los factores que influyen en el deseo del transgresor de poner en práctica sus sentimientos de excitación hacias los niños incluyen:

Falta de conciencia sobre tales comportamientos

Falta de empatía con el niño

Creer que tales comportamientos son aceptables y no causan daño al niño

Escaso control de los impulsos

Uso simultáneo de drogas o de alcohol, lo cual puede reducir más la capacidad de control sobre las emociones

Historia del perpetrador (abusado durante la infancia)

Circunstancias que facilitan un mayor contacto del perpetrador con con el niño
(por ej. hospitalización de su madre durante un período prolongado, viaje de los padres sin el niño, etc.)

Situación de vulnerabilidad del menor (por ej. retraso mental o patología psiquiátrica)

Los niños sometidos a abusos sexuales a menudo son elegidos porque parecen particularmente vulnerables o necesitados de protección.

Inicialmente, estos niños pueden llegar a disfrutar la compañía del agresor, que puede estar haciéndoles regalos, brindándoles atención o prodigándoles abrazos.

Estos comportamientos pueden evolucionar hasta convertirse en secretos especiales, y finalmente pasar de comportamientos no sexuales hasta actividades de tipo sexual que culminan en el acto sexual como tal.

Este proceso se ha calificado como "síndrome de acomodación al abuso sexual del niño" que describe cinco etapas que se suceden en el abuso sexual
del menor:


1- secretismo

2- indefensión

3- atrapamiento y acomodación

4- revelaciones retrasadas y no convincentes

5- retracción posterior por parte del niño luego de abuso revelado


Próximo post:

Abuso sexual: ¿Qué nos dirán los niños?

















Publicado por Marianella Dimoff